Viaje a Islandia 1º Cuaderno de viajeros.
m
e
n
u
 

Viaje a Islandia 1º Cuaderno de viajeros.

Viajes a Islandia

Somos dos viajeros, Israel y David, que contamos nuestra experiencia en una isla misteriosa. Tenemos inquietudes diferentes, Israel la biología, David la geología y la fotografía, y también comunes como el amor por la naturaleza y el aprender de cada viaje que realizamos.

Hemos realizado varios viajes a Islandia, en diferentes años.

 


Viaje a Islandia  1º día del cuaderno de viajeros.

Nuestras sensaciones ya comienzan a bordo del avión. Todas las azafatas son altas, rubias y de piel muy blanca. Viajamos a un país que se encuentra en el mismo hemisferio que el nuestro. Cuando llevamos dos tercios de nuestro vuelo (unas cuatro horas) nos preguntamos: ¿está amaneciendo? ¡Pero si es la una de la mañana! ¡Estos Islandeses ya tienen la luz encendida!


Viaje a Islandia 2º día.

Antes de aterrizar sobrevolamos volcanes, tierras de color oscuro tapizadas de verdes y en la costa, extensas playas de arena negra y acantilados de rocas también muy oscura.

Llegamos al aeropuerto internacional de Keflavik, que se encuentra en la península de Reykjanes. Es un aeropuerto coqueto y de no grandes dimensiones. Las primeras sensaciones del paraje que rodean las instalaciones son un tanto desalentadoras. Este  paisaje de lava acentuado por la poca luz del exterior (sol de media noche) nos acompañará durante un buen rato en nuestro camino. Entre toda esta mancha negra aparecen brotes de lupinos, una planta invasora que da color al paisaje.

Realmente nos resulta muy curioso poder conducir a las dos de la mañana, con luz para poder disfrutar del paisaje. Esto nos indica que visitamos la isla en los meses de verano. Hemos salido de Barcelona rondando los 28º C y llegamos con unos frescos 10º C, con ligera brisa y el suelo húmedo, pues ha llovido hace poco.

Cambiamos euros por coronas islandesas. Nos dan 151 coronas  por cada uno de nuestros euros (año 2013). Parece que volvemos al pasado al realizar cálculos para saber lo que cuesta lo que compramos ya que la relación euro-pesetas es prácticamente similar a la de euro-coronas. Tomamos un café con leche para terminar de despertarnos. Su precio, 350 coronas (2,3 € aproximadamente), ya nos indica que Islandia es bastante más cara que España.

Circulamos por una autovía cuya velocidad máxima permitida es de 90 Km/h. Realmente tenemos que ir muy pendientes de la velocidad, ya que nuestras costumbres al conducir por este tipo de carreteras son muy diferentes. Con un tráfico casi inexistente, nos acercamos a Reykjavik. Estamos en plena hora punta, la densidad de tráfico aumenta, pero sin que se produzcan atascos de ningún tipo. De momento, no entramos en la capital.  Nuestro destino es la naturaleza, pues los que visitamos esta isla lo hacemos por su estado primigenio. Tras recorrer unos 100 Km, nos encontramos en Pingvellir, lugar donde se fundó el considerado primer parlamento, el Alping. Rodeados de lagos, comenzamos a caminar entre dos paredes de roca de caras paralelas. ¡Es la famosa falla!, que separa la isla dos centímetros al año de media. Sin duda, un paisaje muy diferente a los que estamos acostumbrados. El río Öxará se precipita por una de las paredes de la falla formando Öxarárfoss. El término “foss” en islandés significa salto de agua. Paseando escuchamos el sonido del colimbo chico, contemplamos el vuelo de los cisnes, un esmerejón posado, multitud de anátidas, una perdiz nival junto a nosotros y varias ocas con sus pollos que simplemente se alejan. Caminamos por un sendero paralelo a una de las fisuras hasta llegar a una iglesia que conmemora el milenario del primer Parlamento, el ya citado Alping.

Nuestra primera visita nos ha dejado realmente satisfechos. Ya el primer día de nuestro viaje estamos maravillados en plena naturaleza con tanta diversidad de aves en época de cría.

Continuamos hacia nuestro próximo destino. Geyser, perteneciente al denominado Círculo Dorado, es una de las atracciones naturales que parecen reguladas casi por un reloj.

Casi sin darnos cuenta, ya que se encuentra relativamente cerca de Pingvellir, llegamos a Geisir, el origen del nombre de este fenómeno geológico. Es un chorro de agua termal que llega alcanzar entre 15 y 30 m de altura, siendo muy puntual, ya que no tarda más de 6 minutos en repetir su actividad. Strokkur es su nombre.

En  los carteles explicativos recordamos como se produce el fenómeno: el agua geotermal está atrapada en una grieta; la parte superior de la columna de agua se enfría, mientras que la zona inferior se recalienta, formando vapor que sale a superficie al mismo tiempo que expulsa el agua fría de la parte superior de la columna; y vuelta a empezar.

Seguimos circulando por carreteras estrechas, sin tráfico, para llegar a Gullfoss. Allí se localiza una cascada doble  de gran magnitud, probablemente una de las más famosas de Islandia. Ante nuestra retina disfrutamos de la primera “foss” de grandes dimensiones. Es realmente espectacular. Nos colocamos los impermeables, incluso a la cámara, para evitar empaparnos con el vapor que genera la caída de agua de 32 metros.

El día termina  junto a un lago donde se encuentra nuestro alojamiento.

La sensación del primer día es todo un éxito. Parajes desoladores, paisajes con grandes lagos repletos de aves, una gran catarata y fenómenos geológicos entre los que destaca la separación de las placas tectónicas. Ya no nos acordábamos que estos islandeses no apagan la luz. Los alojamientos no tienen persianas, pero si cortinas, por lo que la habitación no se queda a oscuras totalmente. Es el sol de media noche. Un antifaz nos resuelve el problema.

La cena consiste en un poco de salmón, islandés por supuesto, un buen yogur y otros productos del país. ¡Un día completo!


Viaje a Islandia 3º día.

Comienza el día con un cielo nublado típico  del país. Ya sabemos que probablemente con el paso de las horas, veremos el sol en algún momento y, que lloverá sin grandes aguaceros. Si consultas el tiempo, casi todos los días hay sol y nubes. De esta forma no te equivocas. En nuestra mochila de diario siempre debemos de llevar a mano el impermeable. Este tiempo es tan cambiante que durante el viaje debemos vestir por capas; podemos pasar de dos a tres capas para terminar poniéndonos sólo una.

Partimos hacia los fiordos del norte. Hoy nos tocan kilómetros de carreteras sin tráfico y con velocidad limitada a 90km/h.  Paramos para repostar. El precio del gasoil es de 250 coronas islandesas (1,6 euros),  casi como en nuestro país de origen, “sólo” que un 15 % más cara. Seguimos con un café con leche a 350 coronas islandesas. Pensábamos que cerca de los núcleos de población grandes estaría más caro, pero prácticamente el precio es similar en toda la isla. Nuestra carretera, al inicio, es paralela a la línea de costa en la que podemos observar multitud de eider y otras aves.  De repente, un aviso de túnel.  Éste se mete debajo del mar con una pendiente muy pronunciada. En la mitad del fiordo comienza el ascenso para salir del mismo. Seguimos con un cielo nublado y chispea.

Sobre el medio día llegamos al noreste de la isla. En primer lugar visitamos el pequeño centro de interpretación de la foca que se encuentra en Húnaflói (Bahía del Oso), en el pueblo de Hvammstangi. Los nombrecitos son para recordar, pero eso mismo pensaran ellos de los nuestros. Comienza nuestro primer camino sin pavimentar, con velocidades no superiores a 40 km/h. Nos desplazamos con dirección a Hindisvík donde se encuentra una de las mayores colonias de focas. Aunque la marea está alta, se dejan ver en los islotes cercanos a la costa. Atravesamos colonias de charrán ártico en plena campaña de alimentación de la crías. Es un ir y venir de los padres a por comida, que pescan en la misma orilla. No se tienen que ir muy lejos. También hay araos, archibebes, etc., todo un paraíso para disfrutar con los prismáticos. Ya casi terminando la vuelta a la península, Israel divisa un punto blanco encima de un mojón y grita ¡un halcón gerifalte! Rápidamente saca el catalejo. Su cara y gestos denotan una inmensa alegría. Es biólogo de formación y ornitólogo apasionado. Tiene el ojo acostumbrado, sabe dónde mirar.  Después del alboroto, seguimos nuestro camino. Israel ojea su guía de aves sin parar y se pregunta: ¿halcón joven o adulto? En fin, son nervios de alegría.

Paramos a comer junto al mar. Hay una gran colonia de sternas junto a nosotros. Por cierto, ha salido el sol y no tenemos viento. Vestimos con una sola capa de ropa, esto quiere decir camiseta de manga corta. Paseamos junto al mar y vemos focas al fondo; entretanto un arao trae un pescado alargado de color rojo en su pico y grita junto a su pareja. Los pollos de eider duermen en la playa totalmente confiados. Casi los podríamos coger.

Seguimos nuestro camino sin pavimentar parando junto a la colonia de focas. Están  un poco lejos, reposando en la playa de arena negra, en la otra orilla del fiordo. Aprovechamos para bajar a la playa junto a una formación de lava que sobresale del mar. Al acercarnos, los charranes nos atacan con vuelos racheados pasando cerca de nuestras cabezas. Parece una escena sacada de la famosa película "Los Pájaros". Según cuenta una leyenda, la formación rocosa de lava tiene esta curiosa forma porque se trata de un trol al que le sorprendieron  los primeros rayos del amanecer mientras intentaba destruir un monasterio. Nuestro personaje se llamaba Hvítserkur. El entorno es realmente muy bonito, un verdadero placer para quien disfruta de la fotografía como es mi caso. La luz en Islandia es especialmente buena para captar imágenes.

Terminamos nuestra visita a la península de Vatnsnes con dirección a Skagafjördur, un fiordo donde se encuentra una granja-museo dedicada a la turba. Yo, que estudié ingeniería técnica de minas, tenía curiosidad por saber para qué utilizaban los lugareños el carbón de menor pureza. Llegados al museo tras recorrer unas carreteras un tanto enrevesadas, se produjo "el descubrimiento": utilizan la turba para construir los muros de los almacenes y como tejados de los edificios. Realmente curioso.

Paseamos junto a la granja mientras un lugareño regaba el tejado. Justo al lado, se levanta una casa de reciente construcción que también tiene el tejado de turba. Un poco más alejada hay una iglesia con simbología vikinga que, al igual que las anteriores, utiliza la turba como principal material de edificación.

Al final del día el clima nos ha respetado. Vamos en dirección a nuestro alojamiento que se encuentra inmerso en el fiordo. Este es famoso por la cría de caballos. El turismo extranjero no suele pasar por esta zona.

La granja donde nos alojamos mira al oeste y en consecuencia tenemos una bonita puesta de sol.  La jornada ha sido muy larga en kilómetros, pero muy satisfactoria en vivencias: túnel por debajo del mar, focas reposando en las largas playas de arena negra, el ataque de los pájaros, un trol petrificado y granjas con paredes y techo de turba. Seguro que  lo más gratificante para Israel habrá sido el encuentro con el halcón gerifalte. Cada uno de nosotros soñaremos con diferentes temas. "Ponte el antifaz que aquí tampoco tienen persianas". Realmente ninguno de nosotros lo necesitamos. Uno llega cansado al final del día, pero con ánimo para ver lo que esta isla nos ofrecerá mañana.


Viaje a Islandia 4º día.

Una vez descansados, preparamos nuestros desayunos. Consisten en café, leche, infusiones, pan de molde que nos acompaña todo el viaje, mermelada de ruibarbo, algo de fruta procedente de Argentina y el yogur de gran calidad. La mantequilla que no falte y, lógicamente, tampoco el aceite de oliva de  nuestra tierra.

Hemos terminado el desayuno y preparamos unos bocadillos para no perder tiempo al mediodía en buscar un lugar para comer. Nos hemos decantado por el salmón ahumado, que lo compramos entero. Lo acompañamos con una cerveza y una pieza de fruta; suficiente para llegar a la siguiente noche.

Ya en ruta camino de Akureyri, cogemos dirección a la población pesquera de Dalvik, que se encuentra en el mismo fiordo, el Eyjafjördur. Nos paramos junto a la carretera y una mancha de lupinos enmarca el paisaje. Seguimos nuestro camino atravesando un túnel de una sola dirección que no está regulado por semáforos y que cada 100 metros aproximadamente tiene un apartadero. Esto funciona ya que la densidad de tráfico es muy escasa. En Dalvik disfrutamos de un corto paseo ya que se encuentra en un lugar muy bonito.

Ya en Akureyri, paseamos por su calle principal repleta de cafés, librerías y  unos trolls que anuncian una tienda de recuerdos. Akureyri es la segunda población más grande de Islandia con 17.000 habitantes. Una vez hemos comprado los víveres para los próximos días, nos tomamos un respiro y probamos el bacalao salado, pero en esta ocasión en tiras muy  finas. De los que hemos probado antes, este es el que más nos gusta. Junto a la ciudad se encuentra la granja-museo de Laufás. La propia granja y la vicaría están bien conservadas y nos permiten ver cómo vivían en la época en que estuvieron en uso. Aquí también vemos los muros y los tejados de turba.

Dejamos el fiordo para adentrarnos hacia el interior por la carretera nº 1, que es la que da la vuelta a la isla. Vemos un paisaje en el que nos llaman la atención dos o tres pequeñas manchas blancas. No son otra cosa que corderos sin pastor. Uno de los peligros que podemos encontrar en las carreteras islandesas. Al fondo se observa vapor salir de la tierra; señal de que llegamos a Godafoss, "el salto de los dioses". Por suerte el cielo cubierto nos permite fotografiar esta preciosa cascada con exposiciones  largas con mi "amado trípode".  Bajo a la parte inferior, desde donde realmente me gustan más las vistas. Ya de regreso hacia el coche, me acompaña una pareja de chorlitos dorados. Debo de andar cerca del nido, pero no lo veo.

De camino a Mývatn se pueden observar pequeñas lagunas de agua con su pareja de colimbos grandes acompañados de sus crías y algunos cisnes. De nuevo encontramos corderos salpicando de puntos blancos el  paisaje.

Nuestra primera parada en Mývatn es el río Laxä, donde una de las aves que crían es el pato arlequín.  ¡Tenemos que verlo!, comenta Israel mientras otea las riberas del río. Miramos con nuestros prismáticos y por suerte aparece una hembra, pero nada más. No hemos tenido mucha suerte. En una guía islandesa se indica que si los arlequines han terminado la reproducción, dejan a las hembras en la tarea de criar y ellos marchan al mar a cambiar su plumaje y a buscar algo de más tranquilidad, imagino.

Muy cerca de este río, rico en salmones, se encuentra nuestra próxima caminata. Comenzamos la subida al Vindbelgjarfjall y en una hora llegamos a su cima. Las vistas de Mývatn son espectaculares. Delante de nuestras retinas divisamos un gran lago, zonas húmedas, volcanes, fumarolas, montañas de colores, etc. Mientras contemplamos este magnífico paisaje, aviso a Israel que unos pájaros blancos se pasean delante de nosotros con un poco de descaro  y desparpajo. Mi compañero ornitólogo se muere de regocijo, es un escribano nival. Nos sentamos un rato en la cumbre. Tenemos un cielo cubierto sin viento y estamos muy a gusto. Mientras regresamos, Israel me comenta que tenía mucha ilusión por ver este ejemplar desde que empezó su afición por la ornitología. Por eso, al llegar al coche lo primero que hace es coger su guía de aves para volver a verlo, esta vez en papel y realiza unas cuantas anotaciones. Ha sido una caminata muy agradable y con sorpresa.

Antes de dejar el sur del lago, visitamos la zona denominada “falsos cráteres”, aunque yo hubiera dicho que eran pequeños volcanes. Leemos los carteles explicativos que nos aclaran que fueron unas explosiones de gas las que generaron este paisaje salpicado de cráteres de tamaño pequeño. Un sendero junto a los pseudocráteres es nuestro camino a seguir. Junto al lago hacemos una primera parada. Contemplamos un ejemplar de "sterna" que parece posar para nosotros, una pareja de zampullines cuellirrojos con sus crías sobre sus cuerpos y ánades durmiendo en el camino. Nosotros pasamos a menos de un metro de uno de ellos, abre el ojo y sigue durmiendo con los polluelos arrimados a ella. Un trío de colimbos grandes, cientos de patos a nuestro alrededor…, en fin, todo un deleite para la vista y el oído bajo unos rayos de sol entre nubes al atardecer y sin viento. Por cierto, Mývatn traducido es “lago de los mosquitos”, pero estos de momento no han aparecido.

Junto a nuestro alojamiento rodeado de campos de lava, se encuentra un bar que prepara pizzas y tiene cerveza artesanal. Ya en la cama, nuestros pensamientos recuerdan las agradables experiencias vividas en un día en el que hemos disfrutado de paisajes diferentes a los vistos anteriormente: comenzamos el día circulando entre fiordos, visitamos la segunda ciudad más grande del país, vimos la granja con paredes y tejados de turba, disfrutamos de Godafoss, subimos a un volcán con unas vistas espectaculares y con sorpresa, paseamos junto a falsos volcanes rodeados de aves, etc. El sonido del colimbo grande es la música que sirve para dormir plácidamente. Por cierto, siguen sin apagar la luz.


Viaje a Islandia 5º día.

Despertamos con la alarma del móvil y rápidamente comienza nuestra actividad matutina. Nos damos una ducha de aguas sulfurosas con cuidado de no quemarnos, pues sale ardiendo por las tuberías. Después, a desayunar. ¿Qué yogur probaremos  hoy? Comentamos nuestra actividad para el día. Esperamos haber escogido bien entre tanto que ver.

Nada más comenzar nuestro camino, nos detenemos en un lago de aguas color turquesa junto a una instalación geotérmica. El color es sobrenatural. Consultamos nuestros papeles  para ver la explicación del fenómeno que tenemos delante. Se trata de una antigua explotación de sedimentos óseos de algas fósiles (diatomita, roca sedimentaria organógena) que, junto con los restos de aguas sobrantes de la explotación geotermal construida anteriormente a la explotación de las diatomeas,  obtenemos un lago de aguas turquesas con sedimentos blanquecinos que además resulta tóxica. En su perímetro, un grupo de limícolas descansan.

Proseguimos hacia  las montañas de color pastel, que ya están a nuestro alcance. Presentan colores amarillentos claros intercalados con ocres. Circulamos por el paso de Námaskard. Detenemos nuestro vehículo en Hverir y consultamos los carteles explicativos para entender lo que tenemos delante, ya ansiosos por comenzar a caminar. Nos encontramos en una zona por donde pasa la falla, aquella que era muy visible en Pingvellir. Aquí tiene poco espesor la corteza terrestre. Estamos rodeados de rocas magmáticas efusivas, denominadas volcánicas para entendernos, en este caso riolita. Su color es blanquecino con tonos ocres y algunas manchas verdosas. ¡Qué suerte llevar la guía de rocas para recordar conceptos! Aunque entiendo que todo esto puede ser un verdadero " toston", es bueno entender lo que contemplamos, sin entrar en todo este detalle.

Dejamos tantos detalles geológicos y nos encaminamos hacia un sendero que sube hacia la cima del Námafjall. Avanzamos entre montañas de color amarillo blanquecino, con pequeñas manchas de amarillo intenso y verde difuminado. Tras media hora caminando llegamos a su cima, desde donde contemplamos toda la serie de fenómenos geológicos. Caminamos por la cresta sobre un terreno un poco deslizante y un tanto limoso y descendemos por el otro lado de la montaña, para llegar a Hverir, donde nos encontramos todo un espectáculo de fumarolas y barro hirviendo. Dos tienen todo un repertorio sonoro al mismo tiempo que despiden vapor a presión; otros, agua y lodo burbujeante con colores grises azulados de gran intensidad, todo ello rodeado de montañas de color pastel. Es realmente surrealista. Hoy tenemos un día soleado y sin viento. Vestimos un fino forro polar, ya que realizamos la excursión a primera hora. Tras mirar el reloj, comprobamos que hemos estado una hora y media, sin darnos cuenta, realizando fotografías y contemplando el paisaje con toda la calma necesaria para empaparnos del lugar, aunque, esta vez sí, con unos pocos de turistas a nuestro alrededor. No sólo nosotros conocemos la existencia  de este maravilloso lugar.

Nos alejamos de Hverir en dirección norte. Pasamos por unas instalaciones geotermales de grandes dimensiones que reciben tuberías de la zona más alta. Algunas de ellas parecen grandes iglús que humean. Paramos junto al Stora-Viti, un impresionante cráter inundado de agua azul verdosa. Transitamos por el perímetro del cráter. Al noreste vemos fumarolas y montañas de riolita y, al oeste, coladas de lava de antiguas erupciones intercaladas de riolita. Este paisaje contiene todo un libro de vulcanismo por sí solo. Seguimos con sol y sin viento, ya con una sola capa de ropa, una camiseta de manga corta.

Muy cerca del Stora-Viti dejamos el coche para pasear por los campos de lava del Leirhnjúkur.  La caldera del Krafla empezó siendo una fuente de lava durante dos años antes de calmarse y en 1976 se convirtió en una fuente sulfurosa.  Desde este lugar contemplamos la historia de las diferentes coladas de lava en la caldera del Krafla. La última de ellas aconteció en 1984. Se considera una zona activa, por lo que nuestra caminata entre los ríos de lava conlleva su riesgo, pero el paisaje merece la pena. A lo largo del sendero nos encontramos fumarolas que nos indican su estado latente. También aquí el espesor de la corteza terrestre es pequeño, pero la falla no es apreciable como en Pingvellir.

De retorno en dirección a Myvatn, nos encontramos con el cruce hacia los baños termales, conocido como el “Blue Lagoon del  Norte”.  Realmente no tenemos mucho tiempo para el baño y lo dejamos pasar para poder seguir con nuestra exploración de fenómenos geológicos.  Realizamos una pequeña visita a una fisura con agua en la corteza terrestre a la que llaman Stóragjá y Grjótagjá. Con  diferentes temperaturas del agua, en principio no son aptas para el baño. Desandamos nuestro camino y tomamos dirección a la península de Höfdi, donde tranquilamente nos tomamos unos estupendos bocatas de salmón ahumado con tomate y una cerveza de baja graduación (2,5 %) para compartir (las latas son de medio litro).  Sentados con vistas al lago, un grupo de ánades pasa junto a nosotros, mientras que los zampullines están a lo suyo. Comenzamos el paseo por esta península de lava en el lago, a través de senderos confinados por bosques de abedules y abetos con multitud de pequeñas flores. Forman un bosque bastante tupido, aunque de poca altura. Un dicho islandés dice: "si te pierdes en un bosque, ¡levántate!". Se agradece un poco de relax caminando por estos senderos y, aunque resulte raro en Islandia, hay días que tenemos que buscar la sombra.

Para terminar la tarde, subimos al cráter de volcán Hverfell. Situado entre campos de lava, este cono está formado por ceniza volcánica. Esto indica que su aparición fue catastrófica. Tras media hora de subida por un fácil sendero, conseguimos una vista de 360º dándole la vuelta al mismo. "Parece un inmenso donut" comenta Israel. A partir de hoy lo denominaremos “el donut”. Se lo recorre trotando y comenta que ha sido una sensación para repetir. Yo lo espero sentado con vistas hacia Mývatn.

Antes de irnos para el alojamiento, nos acercamos a una zona del lago junto al pueblo de Reikjahlíd. Todo está en calma, algo nublado pero sin brisa. Encontramos bastantes mosquitos. Yo me coloco la mosquitera. No pican pero  son molestos. Hay multitud de anátidas con los pollos, zampullines y, por supuesto, oimos el sonido del colimbo grande a lo lejos.

Ya en nuestro alojamiento, nos damos una ducha de aguas sulfurosas, nos tomamos una cerveza artesanal que descubrimos el día anterior y, a la cocina. Hoy toca bacalao con ensalada y otras viandas.

Ha sido un día geológicamente completo salpicado de avistamientos de aves junto al lago. Para dormir, el sonido del colimbo. Sin duda, paisajes muy diferentes a los anteriores días. Yo me duermo repasando las lecciones de geología que hemos aprendido, mientras que Israel sigue corriendo por el perímetro del Hverfell. Ya no nos preocupamos de apagar la luz y no buscamos  las persianas. Será que nos estamos aclimatando. No cerramos la cremallera de nuestro saco de dormir; a los alojamientos no les falta calefacción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 


contenidos © davidperezhens creado en Bluekea